jueves, 28 de agosto de 2014

Un verdadero patriota nacido en Costa Rica

A propósito de la proclama Marchemos siempre Unidos

Marvin Carvajal Barrantes
Asesor Nacional de Estudios Sociales


Cuenta la historia que Juan Mora Porras, deja su cordón umbilical, cerca de la Plaza Principal, en Villa Nueva (hoy San José), en la época del señor de 8 de febrero de 1814. 

Juan era  hijo de Camilo, un bonachón comerciante josefino, descendiente de militares, en condición de capitán (Francisco, su tatarabuelo), y de funcionarios de gobierno, con función de teniente gobernador (Camilo, su bisabuelo), quienes se emparentaron con mujeres de familias de alta alcurnia.

En la edad infantil Juan asiste a la Escuela de las Primeras Letras y en la etapa adolescente desarrolla un especial interés y habilidad por el comercio, cuestión que hereda de su señor padre.

A los dieciocho años, se emancipa de su progenitor, cuestión legal por aquellos tiempos de 1832, con el propósito de dedicarse a los negocios por cuenta propia, gracias al aporte económico de Camilo. 

Las ganancias que logra debido a la compra - venta de mercaderías y propiedades, genera un capital que luego invertirá, primero, en negocios relacionados con el oro y la plata, y luego en actividades de exportación del café y la importación de productos de utilidad para el hogar (telas, adornos) y en el desarrollo de las actividades agrícolas (herramientas).

La familia de Juan se coloca en la cúspide social de los Mora.  Por aquella época se comentaba que tenían por lo menos un pariente en todos los pueblos de San José, Cartago, Heredia y Alajuela.  Un grupo familiar numeroso, objeto de los negocios del joven Juan.

Don Camilo, un comerciante con el cual mucha gente había contraído deudas, pero al no cobrarlas como es debido, por su don de buena persona, tuvo que contraer otras deudas con hombres de negocio, lo cual casi lo lleva a la ruina. Esta situación se agrava, cuando pasa a mejor vida, doña Ana Benita, la madre de Juan.
A los 22 años de edad, Juan Mora Porras asume las deudas de su papa y también debe ocuparse de sus hermanos menores, en condición de tutor, debido a que don Camilo decide acompañar a doña Ana Benita a esa mejor vida, de la cual nadie se salva.

Los negocios y la obsesión de Juan por alcanzar grandes metas, le permitieron enfrentar esas amenazas a su vida, que si hubiera sido otro, este cuento habría sido contado de forma  distinta.  Así Juan fue capaz de enrumbar su destino.

Los negocios, sin redes sociales (gente de la familia, comerciantes y políticos), es imposible que logren alcanzar un buen puerto.

Cerca de la plaza principal, vivían Juan Mora y el Jefe de Estado Braulio Carrillo, quienes estrechan amistad.  Este hecho lleva al joven a un conflicto con su vecino Manuel Aguilar (vivía en el piso de abajo), quien intenta derrocar a Carrillo, fracasa en su propósito, y luego acusa a Mora de haberlo traicionado (suceso no comprobado).  Situación mala para los negocios que se salda, cuando Braulio Carrillo finalmente es derrocado y Juan se casa con la hija de Manuel Aguilar, doña Inés a la altura de 1847.

La buena época para los negocios y las grandes ganancias empiezan cuando Juan Mora se asocia con Vicente Aguilar, funda la Compañía Mora y Aguilar.  A sus 33 años, el ya no tan joven Mora, se encarga de comprar la mercadería en el extranjero (Francia, Estados Unidos, Chile) y don Vicente de vender el producto al interior del país.

Entre ambos luego surgen pleitos, odios y resquemores, debido a la manera como era conducido el negocio: Juan no se preocupaba por los detalles, era displicente en los gastos, menguaba el negocio.  Estos pleitos desencadenarían nuevos sucesos muy negativos para Juan Mora, especialmente luego de liderar la lucha de los costarricenses contra los filibusteros.

La vida de comerciante de Juan Mora, le sirvió para conocer las bondades y debilidades de sus conciudadanos, debido a las variadas transacciones mercantiles, además de relacionarse con la clase alta y los dirigentes de la Costa Rica de entonces.

Hacia finales de la década de 1840, Juan se mete en política, se presenta como candidato a Senador, aunque pierde la elección, se entera de que es apoyado por un sector de los ciudadanos.  Su nueva aspiración será ser Presidente de la República.

Un comerciante metido a político y luego a militar asumirá el impresionante deber y responsabilidad patriótica de enfrentar a las huestes filibusteras, las que amenazarán la vida cotidiana de todos los costarricenses, así como sus negocios y libertad.

La proclama titulada Marchemos siempre unidos, recoge la aspiración de un pueblo por definir su destino, a pesar de las amenazas venidas de los Estados esclavistas del sur (hoy Estados Unidos de América). 
Enfrentar al enemigo invasor y vencerlo de la manera a como aconteció a lo largo del río San Juan, es digno de celebrarse, ahora y por siempre, por todos los habitantes de Costa Rica. 

La mejor arma y estrategia fue la sagacidad, pericia, creatividad e inteligencia pueblerina de nuestros soldados, asesorados por militares prusianos, para apoderarse de los vapores y fuertes militares, desplegados por William Walker en la zona antes mencionada.

Estas huestes filibusteras fueron vencidas en su terreno y con sus armas de guerra.

Por eso, digamos todos en coro,
Conquistamos una paz sólida, duradera, honrosa y fecunda para Costa Rica, Nicaragua y los pueblos centroamericanos”.


Bibliografía

Arias, R. y Smith, A. (2013). La campaña nacional de 1856-1857. San José, Costa Rica: MEP.

Mora, J. Marchemos siempre unidos.  Proclama a los costarricenses.  San José, 11 de enero de 1857. En: Aguilar, R. y Vargas A. (2014), Palabra viva del Padre de la Patria. Capitán General Don Juan Rafael Mora Presidente de la República 1849-1859. San José, compilación inédita.

Rodríguez, A. (2010). Juan Mora Porras.  San José, Eduvisión.


Vargas, A. (2013). El lado oculto del presidente Mora.  San José, Eduvisión.

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